
A quien no le gustaría entrar en un interminable bucle, como Bill Murray en "Atrapado en el Tiempo" y que el día previo a la final de la Champions fuera como nuestro día de la marmota particular. Recordando los dos títulos que hemos conseguido, y acordándonos de todos estos partidazos con los que nos a deleitado este equipo. Reviviendo una y otra vez, como estamos reviviendo estos días todos los goles del 2-6 del Bernabeu, reviviendo el Iniestazo de Stanford Beach o los golazos de Toure Yaya, Bojan o Xavi en la final de la Copa.
En definitiva, viviendo en un estado de felicidad futbolistica absoluta y siendo el centro de atención de todo el planeta balompié, que paralizará sus actividades el miércoles, para brindar pleitesía a los dos mejores equipos de Europa esta temporada, entre los cuales nos encontramos nosotros, merecidamente.
Pero como esto no va a ocurrir, significa que va a haber un día después. Que puede ser glorioso, grandioso y todos los adjetivos rimbombantes que se quieran añadir. Conseguir el ansiado triplete sería rubricar una campaña histórica, acabar de un plumazo con un montón de tópicos que han acompañado a los azulgranas durante años y dejar flotando en el limbo a toda la afición culé hasta el próximo septiembre.
Pero también puede ser un día "poco" alegre. Si esto sucediera, poco o nada puede reprocharsele a este equipo depues del temporadón que ha realizado. A pesar que tras partidos como el que se avecina, jugado previamente más de 30 veces en tertulias de radio y carajillo, anunciado abombo y platillo con luces de neon, perece que solo exista el vacío.
Señores prepárense que viene lo mejor y puede ser tan grande, pero tan grande, que sería muy grabe que no lo disfutaran.






